La relajación

La importancia de la relajación en el proceso de creación del sonido es absoluta. Para que nuestro cuerpo pueda funcionar a la perfección al producir sonido, necesitamos que esté libre de tensiones. Si no, el instrumento no puede llevar a cabo sus funciones adecuadamente.
Es como si a una guitarra le tapáramos el agujero. ¿No resonaría, verdad?
Pues a nosotros nos pasa exactamente lo mismo. Cualquier grado de tensión corporal, por pequeño que sea, influencia en el resultado del sonido que emitimos. Si no lo emitimos en condiciones, podemos malmeter nuestro instrumento.
A menudo oímos hablar de la relajación pero no sabemos cómo relajarnos ni qué hacer. Si estiramos sin hacer nada, intentando relajarnos, aún nos ponemos más nerviosos y todos esos aspectos que producen nuestro estrés, nuestra tensión, se hacen aún más presentes si cabe.
 
Vamos a ver un ejemplo de lo que se llama relajación activa:
Nos tumbamos encima de la superficie que sea. Puede ser el suelo, encima de un colchón, la cama o el sofá. No es importante, aunque, para empezar, si no es una superficie que sea muy blanda, mejor.
Cuando inspiramos intentaremos llevar el aire a cada rincón de nuestro cuerpo – que vamos a especificar más adelante. Al sacar el aire, imaginaremos que esa parte del cuerpo dónde he llevado el aire es como una esponja oprimida por la mano que, al expulsar el aire, dejo de apretar y va recuperando su forma original. Es decir, recupera su volumen.
Empezaremos expandiendo los dedos de los pies, las plantas, los talones, el empeine, los tobillos, los gemelos, las piernas, lo isquios, las ingles, el pubis, el sexo, el coxis; des del coxis subiremos por toda la columna expandiendo vértebra a vértebra (esta parte requiere un poco más de tiempo), los riñones, las costillas, el pecho, los omoplatos, los hombros, los brazos, los codos, las muñecas, las manos, los dedos, las cervicales, el cuello, las orejas, la mandíbula, la boca, los labios, la nariz, los ojos, las pestañas, las cejas, el ceño, la frente y el cráneo en su totalidad.
Sentimos como la parte que está en contacto con el suelo, o la superficie que sea, se arrela hasta el centro de la Tierra. Tenemos la sensación que nos estiran des de los pies hacia un lado y des de la coronilla hasta el lado contrario. Todo nuestro cuerpo se expande en todas las direcciones hasta el infinito.
 
 
Habréis notado que hemos hablado tanto de musculatura como de huesos. No importa. Se trata de reconocer las zonas a liberar. Pensando en un hueso podemos expandir la zona muscular que la envuelve. 
No es imprescindible seguir el orden propuesto. Simplemente es una guía. No debemos preocuparnos si no recordamos alguna parte. Únicamente tenemos que saber que empezamos por los pies y subimos hasta el cráneo. Cuando más específico sea el recorrido, más profundizaremos en la relajación.
No tenemos que tener prisa. Invirtamos el tiempo que sea necesario en cada parte hasta que notemos que dicha parte se destensa. Si nos acompañamos de una música que nos guste, nos será de ayuda para relajarnos. Es posible que nos durmamos y no lleguemos al final de la relajación. No importa. Siempre y cuando, al levantarnos, intentemos mantener esa sensación de relajación.
Quizá sea la parte más costosa. Tendremos que intentar llevar a cabo aquellas actividades que tengamos que realizar des de ese estado de relajación.
 
 
#hablemosclaro